Cuaderno
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Tao Te Ching
Pasajes de Lao Tsé a los que siempre vuelvo. El Tao Te Ching es uno de esos libros raros que nunca se agotan: en cada etapa de la vida responde de nuevo a lo que ha cambiado dentro de ti.
El Tao que puede expresarse no es el Tao eterno. El nombre que puede nombrarse no es el nombre eterno.
El bien supremo es como el agua. El agua beneficia a todas las cosas sin disputar, y reposa en los lugares bajos que los hombres desdeñan; por eso está tan cerca del Tao.
Moldeamos la arcilla para hacer una vasija, pero es el vacío interior lo que la hace útil.
Cuando el mejor gobernante culmina su obra, el pueblo dice: lo hicimos nosotros mismos.
Quien conoce a los demás es sabio; quien se conoce a sí mismo es iluminado. Quien vence a los demás es fuerte; quien se vence a sí mismo posee la verdadera fortaleza.
El Tao nunca actúa, y sin embargo nada queda sin hacer.
Quien sabe lo que basta no conoce la deshonra; quien sabe detenerse no corre peligro. Así se alcanza la perdurabilidad.
Sin salir por la puerta, se puede conocer el mundo entero. Sin asomarse por la ventana, se puede ver el camino del cielo.
Quien busca el saber cada día añade algo. Quien busca el Tao cada día suelta algo.
Quien sabe no habla; quien habla no sabe.
Las cosas más difíciles del mundo nacen de las fáciles; las más grandes del mundo nacen de las pequeñas.
Un viaje de mil leguas comienza bajo tus pies.
Lo duro y lo rígido son compañeros de la muerte; lo blando y lo flexible son compañeros de la vida.
Las palabras verdaderas no son bellas; las palabras bellas no son verdaderas.